Es normal ponerse en modo reflexivo al llegar estas fechas. A todos nos da por echar la vista atrás y repasar cómo ha sido el último año.
Estoy seguro de que en alguna de esas reflexiones has llegado a la misma conclusión que he llegado yo en más de una ocasión: que muchas veces en la vida nos damos cuenta de las cosas importantes cuando ya es tarde.
Cada vez hay más personas que van por la vida como pollo sin cabeza.
Nacen, crecen, se reproducen, discuten y mueren.
Muchas veces no somos conscientes de que en la vida no tenemos cosas importantes, en la vida tenemos relaciones importantes.
Durante mi última conferencia de “Si supieras que no vas a fracasar, ¿qué harías?” recordé cierta situación que vivimos en Rompiendo Esquemas (el primer nivel de nuestra formación en inteligencia emocional y coaching). Estábamos trabajando, como en cada edición, de manera profunda el tema de las relaciones. Y sucedió algo muy bonito que puedes ver en este vídeo.
(Es 1 minuto y realmente merece la pena).
Al mismo tiempo que revivía en mi mente la emoción de este momento, se me ocurrió una idea irrazonable. Hacer algo muy diferente para romper los esquemas de los asistentes a la conferencia.
Ya sabes cómo soy, me gusta innovar 😉
Así que hice un pequeño descanso en la mitad de la conferencia e invité a realizar un pequeño ejercicio a los asistentes.
Les di 5 minutos para realizar una llamada. Pero no una llamada cualquiera. Les propuse que llamarán a su padre, a su madre o a su pareja para decirles la siguiente frase:
“Te llamo solamente para decir que te quiero mucho”.
Fin.
Sin más adornos ni más explicaciones.
Y les pedí que cuando regresaran compartieran las respuestas que habían tenido.
El resultado fue…sorprendente (o quizás no). La cosa quedó más o menos así:
– La gran mayoría no aceptó el “reto”. Y no hicieron la llamada.
– Casi todas las personas que sí hicieron las llamadas recibieron respuestas de preocupación: “¿dónde estás?”, “¿te ha pasado algo?”, ¿están bien los niños?”…
– Y solo 2 personas obtuvieron respuestas que decían algo así como “ya lo sé, yo también te quiero mucho”. Fin. 2 personas de casi 60 asistentes que había en la sala.
Creo que este pequeño experimento refleja muy bien la situación que vive esta sociedad. Y corrobora esa teoría de la que te hablaba al principio de que muchas veces no somos conscientes de que en la vida tenemos relaciones importantes, no cosas importantes.
Estamos en un mundo en el que hablar de sentimientos y decir a tu familia que la quieres mucho es causa de trastorno. Por lo tanto, lo habitual es no decirlo.
Te propongo algo.
¿Qué te parece si, con la excusa de que es Navidad, época en la que la gente tiene menos reparos a la hora de mostrar su cariño, empezamos a crear un nuevo hábito?
El hábito de expresar nuestros sentimientos sin miedo ni complejos, mostrándolos abiertamente a las personas más importantes de nuestras vida y que dentro de 6 meses, cuando vuelva a hacer este experimento, el resultado sea totalmente diferente.
No será fácil, lo sé, pero estoy seguro de que merecerá la pena.
¿Te animas?
Felices Fiestas ❤

Juanjo Soldevilla
Director de Expansión de ESINEC