Lo primero es lo primero
Y después de lo primero, viene lo segundo.
A veces se nos olvidan las cosas más obvias, aquellas que tienen que ver con el sentido común (que es el menos común de los sentidos, dicen algunos).
¿A qué me refiero? Iré directo al grano, como me gusta hacer siempre que puedo.
¿Quién dijo que existían recursos humanos? ¿Quién fue el troglodita (por no llamarlo algo peor) que pensó que los humanos somos recursos?
¡Qué insensatez! ¡Qué falta de empatía!
Y cuidado, que no lo digo yo, que lo dice uno de los expertos en management más reputados del planeta: Tom Peters.
Este señor, a sus 78 años y con una trayectoria profesional admirable, ya no se calla nada.
Y dice que también estamos en un momento histórico en el que las personas que dirigimos equipos debemos ser más conscientes que nunca de que esta crisis puede ser muy dura para nuestra gente.
Me encanta la soltura con la que afirma que “un líder realmente bueno debería poder irse a dormir en mitad de una crisis, porque si ha hecho el trabajo adecuado, puede confiar en su gente”.
Y es que muchos directivos no tienen ni idea de lo que es liderar. Aún piensan en dirigir cual capataces de obra o de fábrica del siglo XX.
Peters recomienda, al hilo del titular de este artículo, que “si quieres que tus trabajadores funcionen, recuérdales que su familia es lo primero; no la productividad”.
Dicho de otra forma, liderar desde el humanismo, desde la empatía, desde ser ejemplo y considerar a tus trabajadores (en cierto modo) como tu gente, tu familia. Y, por tanto, ellos son lo primero; no la productividad ni los beneficios.
¿En qué momento las empresas perdieron el alma? ¿Quién dijo que el objetivo de una empresa es maximizar los beneficios? ¿Y si lo planteásemos al revés de lo habitual?
¿Qué pasaría si quienes montamos y dirigimos una empresa lo hiciéramos desde el propósito de servir a nuestros trabajadores y a nuestros clientes?
Y, a cambio de esa postura, unos son leales y lo dan todo por la empresa. Y los otros, también. De ahí sale la idea de llamar a los trabajadores, clientes internos.
No se trata de tomar grandes decisiones, sino de conseguir que la gente que trabaja para ti esté cómoda. Eso, que parece lo más sencillo del mundo, pocos directivos lo saben llevar a cabo.
¿Y si dirigir un equipo de personas tuviera más que ver con enrolarlos a tu visión de empresa? ¿Y si les hicieras sentir, de una forma honesta, que ellos son importantes para ti?
De lo contrario, ¿quién te va a ayudar a levantar tu empresa? ¿Quién estará a tu lado cuando las cosas se pongan difíciles?
O aún peor: ¿quién se quedará contigo, aunque le ofrezcan una alternativa mejor pagada?
Llegados a este punto: ¿entonces qué es lo primero? Para el gran Tom Peters (y un servidor lo suscribe), lo primero son las personas.
Sólo considero una forma de crear una empresa y de levantarla, haciendo algo que valga la pena: poniendo a las personas por delante del dinero.
Y cuando digo personas, pienso en trabajadores, colaboradores, proveedores y clientes.
El producto o servicio que ofrezca la empresa es sólo la concreción de cómo ayudar a personas a solucionar algún problema que tienen o a conseguir algún objetivo que se han planteado.
Decía hace unos años otro grande, Víctor Küppers, que las empresas te contratan por tu currículum y te despiden por gilipollas.
Obviamente, esta frase es provocadora de forma intencional.
Entiendo que quiere decir que, en el momento de la contratación pesa mucho tu formación, tu preparación y tu experiencia. Pero a la hora de la verdad lo que importa es tu manera de ser, tu personalidad.
Y ya que estamos, ¿realmente se contrata por currículum? Lo cierto es que cada vez, menos.
Hoy en día, las empresas piden principalmente seis factores. Si estás buscando trabajo, lee atentamente…
1.- Resolución de problemas. ¿Qué más da cuántos títulos tengas si cuando hay que enfrentarse a un problema te vuelves pequeñito? Quien sea capaz de sacar las castañas del fuego es un buen candidato.
2.- Comunicación. Todos nos comunicamos (con clientes, con proveedores, con compañeros, con jefes…). Quien no domine esta habilidad y tenga un mínimo poder de persuasión, está perdido.
3.- Flexibilidad y adaptación al cambio. En un mundo en cambio constante, es más importante ser flexible que ser fuerte. Se necesitan personas capaces de desaprender lo que saben para aprender desde cero algo nuevo.
4.- Experiencia más que formación. El conocimiento de verdad viene de la experiencia, no te la teoría. Así que quien más vivencias pueda demostrar, mejor visto será en una entrevista de trabajo.
5.- Proactividad y dinamismo. “Si va a ser, depende de mí”. Ése es el mantra que todo buen trabajador debería repetirse. No se trata de qué puede hacer la empresa por ti, sino qué puedes hacer tú por la empresa.
6.- Ser ambicioso. Quien no tiene ambición personal difícilmente ayudará a que la empresa crezca. Se buscan personas con hambre, con ganas de progresar. Y las empresas les ofrecen una plataforma para hacerlo, ganando ambos.
Dicho esto, sólo dos pequeños apuntes más:
A.- Si tienes la oportunidad de emprender por tu cuenta, no pienses en buscar trabajo. Los trabajos fijos se están extinguiendo rápidamente. Y quienes los mantengan, será con sueldos cada vez menores. Así que mejor búscate la vida, ahora que puedes.
B.- Y recuerda que lo primero es lo primero: las personas, tus valores, la voluntad de servir al mundo de la mejor manera que sepas. No trabajes sólo por dinero, que eso es muy triste y creo que todos nos merecemos mucho más que eso.
Por cierto (no me cansaré nunca de decirlo), si estás pensando en formarte, hazlo en Inteligencia Emocional y en Coaching. Olvídate de formaciones técnicas y apuesta por tu crecimiento personal y profesional.
El 85% de tu éxito viene y vendrá determinado por tu Inteligencia Emocional, no por tu capacidad para resolver ecuaciones de segundo grado.
Feliz semana.
Por Manu Ramírez
Director General ESINEC