La nueva sub-normalidad: era de la hipocresía

era de la hipocresía

El pasado fin de semana España entró, por fin, en la mal llamada nueva normalidad.

Personalmente prefiero referirme a ella como “la nueva sub-normalidad” porque la situación que propone el gobierno creo que es de todo menos normal.

Creo que está por debajo de la normalidad. Y adolece, además, de una tremenda hipocresía, habitual, por desgracia, en el mundo de la política. Veamos algunos ejemplos:

1.- Dice Jorge Cadaval (el componente de “Los Morancos”) que no lo entiende y que debe ser muy torpe. En realidad, es tan inteligente que prefiere hacer la crítica desde una aparente ignorancia.

¿Cómo es posible, dice el humorista, que el AVE esté lleno a rebosar, sin distancias de seguridad, y no así los teatros? Y yo añado: ¿y las escuelas?

Aquí puedes verlo: https://www.elperiodico.com/es/yotele/20200621/jorge-cadaval-denuncia-protocolo-seguridad-ave-mensaje-8008524

Pero ya se sabe, España no se caracteriza por premiar la cultura, la educación ni la investigación. Somos más de terracitas y cerveza. O eso es, al menos, lo que nos proponen nuestros muy mediocres políticos.

2.- El viernes pasado se levantó el estado de alarma en Euskadi y Cantabria. A modo de gesto simbólico, el lehendakari, Íñigo Urkullu, y el presidente cántabro, Miguel Ángel Revilla, se encontraron en la localidad vizcaína de Muskiz.

Se saludaron tocándose codo con codo y pasearon un rato juntos.

Enviaron un mensaje de petición de responsabilidad a sus ciudadanos, mientras ellos hacían lo contrario.

¿Dónde estaba el metro y medio de distancia entre ellos? Eso sí, ambos llevaban puesto el bozal (perdón, quería decir la mascarilla).

Aquí puedes ver las imágenes de su idílico paseo (con regalo de las típicas anchoas cántabras incluido): https://www.diariovasco.com/politica/urkullu-revilla-coronavirus-euskadi-cantabria-20200619092223-nt.html

3.- Vuelve la liga de fútbol, uno de los eventos más importantes del país. Partido entre Real Madrid y Valencia (por poner un ejemplo).

Al final de éste se saludan ambos entrenadores, estrechándose la mano, ambos sin mascarilla. ¿Distancia de seguridad? ¿Medidas de higiene? ¿Para qué?

Aquí puedes ver cómo se pasan las reglas por el arco del triunfo: https://www.marca.com/futbol/primera-division/directo/2020/06/18/5eeba8a046163f7eb38b45b8.html

¿Y qué decir del gobierno de la Comunidad de Madrid, dando instrucciones a residencias y hospitales de no atender a personas mayores, usando los recursos según el criterio utilitarista?

Algún día quizás sepamos toda la verdad. Y ojalá se juzguen los hechos, política y judicialmente.

Mientras tanto, fuera de España, Bolsonaro sigue riéndose de la pandemia a pesar de los más de cincuenta mil muertos en ese país por coronavirus.

Hace unas semanas anunció que organizaba una barbacoa para más de treinta personas en el Palacio de la Alvorada, partido de fútbol incluido. Cínico hasta decir basta.

Y en Estados Unidos, Donald Trump organizó este fin de semana un mitin político pidiendo a los asistentes que asistieran sin mascarilla.

Eso sí, les hizo firmar a la entrada un documento que le eximía de cualquier responsabilidad si alguien se infectaba.

Con sus dos cojones, porque no se puede decir de otra forma, afirmó públicamente que ha pedido a su equipo que no hagan tantos tests.

Y es que, cuantos más hacen, más positivos salen a la luz (¡este señor es un lince! Ahora entiendo la supremacía estadounidense en el mundo).

Ahora bien, llevan más de ciento veintidós mil muertos por Covid. Pero él dice que llega el momento de volver al trabajo, que aquí no pasa nada.

Todo esto sucede al mismo tiempo que el director general de OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, alerta de que “la pandemia de covid-19 se está acelerando”.

Y sigue diciendo que “el mundo se encuentra en una nueva y peligrosa fase” tras el registro de más de 150.000 nuevos casos a nivel mundial en un solo día.

Me van ustedes a perdonar, pero todo esto es una insensatez. ¿Nos habrá afectado el coronavirus al cerebro? ¿Nos hemos quedado algo retrasados?

Nuestros políticos nos imponen unas condiciones de seguridad más o menos estrictas en función del sector. ¿Será por interés económico de algunos que tienen más poder de presión que otros?

Además, algunas de las restricciones son inasumibles y absurdas.

¿De verdad esperan que España no se vuelva a abrazar hasta que haya vacuna?

¿O que en las discotecas no se pueda bailar? (entonces de follar, ¿ni hablamos? Como decía el chiste).

Hablando de esto último, en el Reino Unido, hasta hace unos días, sólo se podía tener sexo legalmente con tu pareja y siempre y cuando fueran convivientes.

¿Alguien se ha planteado si las reglas que se imponen son psicológica y sociológicamente posibles de asumir? No hay que tener muchas luces para ver que no es así.

Pero, oigan ustedes, que sigan llegando alemanes, a pesar de los más de mil nuevos contagios que está sufriendo el país. Que traigan su dinero y sus virus a Mallorca. Ya nos arrepentiremos, ya.

Y allende los mares, como diría aquel, cada uno va a su puñetera bola, convirtiendo el mundo occidental en el coño de la Bernarda.

Se preguntaba dos semanas atrás mi compañero Aitor si la humanidad se muere. Claro que quince días antes yo mismo decía que nos vamos a extinguir por gilipollas.

Argumentos no me faltan, como pueden ver.

Lo que más me duele es que los juegos de unos cuantos inútiles que están gobernando el mundo provoquen que muchos millones de personas sufran.

Algunos de ellos pasando hambre. Otros, directamente muriéndose.

Por cierto: inútiles quiere decir “no útiles”; no es un insulto, sino un calificativo. Los llamaría payasos, pero no me hacen ni puñetera gracia.

Y así nos la vamos jugando a que llegue otoño con una nueva oleada del coronavirus. El primer golpe ha sido duro. El segundo puede ser brutal. Les aseguro que no hay economía que aguante otros tres meses de parón.

En fin, más que nunca creo que estamos por civilizar, que llega el momento de dejar de pensar en uno mismo y hacerlo como sociedad, todos a una.

Y, por Dios, que alguien les explique a nuestros políticos cuáles son las bases de la política.

Que no se creó para que los gobernantes se aprovechen del pueblo sino para vivir en sociedad de forma justa y civilizada.

El día que todos entendamos el valor de la inteligencia emocional dejaremos de permitir a esos lobos con piel de cordero que jueguen con nosotros y tal vez podamos reconducir la situación.

Quizás empecemos a vernos todos como uno solo y nos cuidemos los unos a los otros. Y si hay que llevar bozal (perdón, mascarilla), lo llevamos.

Pero que no nos sigan tomando el pelo. Que algunos tenemos cosas que hacer.

Espero que no haya extraterrestres cerca, viéndonos hacer el ridículo como sociedades supuestamente avanzadas. ¡Qué vergüenza!

 

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

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