A mis treinta y once…blog-esinec

Mañana será el día D… el día de mi cumpleaños. Cumpliré cuarenta y uno, o treinta y once, pues me gusta pensar que, de alguna forma, sigo en los treintas…

Me parece un buen momento para parar y mirar, eso que proclamamos en RedEx. En ese entrenamiento de alto impacto del que he hablado en algunas ocasiones en el blog le decimos a la gente que vaya por una vida WOW, que es muy jodido estar en el lecho de muerte arrepintiéndote de lo que no te atreviste a hacer.

Hace justo un año aproveché que cambiaba de dígito para salir públicamente del armario. Publiqué una foto con mi chico y un breve mensaje en el que decía que ya no me escondía, que ése era yo.

Curiosidades de la vida, meses después me hackearon la cuenta de Facebook y no conseguí que el señor Zuckerberg ni su gente me la devolvieran. Así que abrí un nuevo usuario y puse, en la información biográfica, que estoy en una relación con Aitor Díaz, por si no quedó claro la primera vez.

Quizás la vida me pedía que me reafirmase en esa salida pública del armario. Sin problemas. Es más, tengo publicado un hermoso libro llamado Cincuenta sombras de un gay en el que cuento mi vida al detalle, así como explico las fases por las que pasa todo gay hasta que puede vivir libremente su condición sexual.

En estos momentos, sumidos en una pandemia que ha provocado una crisis sanitaria y económica brutal, llega una nueva vuelta al sol para mí. Y me pregunto si la vida me está poniendo a prueba también en otro aspecto: el profesional.

Mis socios y yo creamos ESINEC en julio de 2016, no sin dificultades. Pasábamos por aquel entonces por un momento complicado por diversos motivos (falta de liquidez, ruptura con mi antiguo socio y con el equipo de entrenadores que teníamos en la anterior empresa…).

Pero nos propusimos levantar la escuela, impartiendo el programa de coaching vivencial más potente que yo he conocido, llamado RedEx, adaptándolo a la cultura de nuestro país… y lo conseguimos.

En cuatro años pasamos de estar en una única ciudad, con grupos cada vez más pequeños, a estar en seis ciudades, con grupos mucho mayores y con diversas formaciones adicionales.

En cuatro años logramos facturar un millón de euros. De hecho, esa cifra había llegado incluso antes, pues la alcanzamos justo al inicio de la pandemia.

Y llegó el Covid-19 para revolucionar nuestras vidas, nuestras relaciones… y también nuestra querida ESINEC.

Todo lo que existía se fue al suelo en un abrir y cerrar de ojos. Al suspenderse toda actividad presencial (que era la única que teníamos en marcha hasta entonces), la empresa se quedó sin ingresos de la noche a la mañana.

Además, nuestros entrenamientos se llenaban por el boca-oreja. Las recomendaciones eran tan habituales que nunca habíamos tenido un departamento comercial bien desarrollado y con una buena estrategia.

La semana que viene hará siete meses de ese gran quiebre. No hemos sido los únicos afectados, obviamente. Pero pensar que otros también están fastidiados no resuelve nada.

Y me paro a mirar, a reflexionar sobre mi vida, a mis treinta y once… preguntándome si tomé las decisiones adecuadas…

Yo venía de impartir clases en diferentes universidades y escuelas de negocio, de ganar mucho dinero con algo que me gustaba.

Un día decidí dedicar mi vida a apoyar a otras personas a que fueran por su vida WOW (yo encontré la mía en el hecho de apoyar a los demás a ser felices).

Dejé las clases y enrolé a muchas personas a que se subieran al barco. Y, aunque costó trabajo, ese barco estaba navegando cada vez con más brío.

Y entonces la vida nos puso a todos la zancadilla.

Y eso me recuerda al libro ¿Quién se ha llevado mi queso?, en el que los ratones se van rápidamente a buscar el queso a otro lado, una vez que ven que no está donde siempre, mientras que los hombres se quedan quejándose porque alguien les ha quitado lo que ellos consideraban que era suyo.

La vida ahora es online. El marketing es digital y a base de marcas personales. Los entrenamientos son desde casa y a través de una pantalla de ordenador…

Ése es el nuevo mundo, el que ha venido para quedarse. Y a todos nos toca movernos para volver a encontrar el queso (o para conseguir alcanzarlo, porque en realidad sabemos dónde está).

Que las condiciones hayan cambiado no implica que las decisiones tomadas fueran erróneas.

Que ahora las cosas se hayan puesto complicadas no me detiene en absoluto.

Que la vida me lance pruebas sólo hace que yo tenga aún más ganas de seguir adelante.

Así que puedo decir, a mis treinta y once, que me siento orgulloso de ser la persona que soy, de dedicar mi vida a apoyar a los demás para que vivan una vida WOW y de tener a mi lado a todas las personas que tengo.

No creo haberme equivocado en lo importante. Obviamente, sí en muchos detalles. Pero gracias a esos errores se aprende.

Y, lo más importante de todo: aún seguimos aquí, jugando esta partida llamada VIDA. Así que… seguiremos informando 🙂

 

Feliz semana,

Por Manu Ramírez

Director General ESINEC

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